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Fecha: 14 de Febrero de 2003

Lugar: Sala Caracol (Madrid)

  Sin duda, el 14 de Febrero, asistimos a un gran concierto de Metal. Opeth venían por tercera vez por España, y esta vez con más promoción que ninguna otra. De hecho, el lleno que registró la Sala Caracol, sorprendió a más de uno, yo el primero.

    Todo comenzó con algo de retraso respecto del horario aparecido en la entrada. Madder Mortem saltó a escena a eso de las 21'20, y estuvieron tocando hasta cerca de las 22'00. La verdad es que no conocía apenas al grupo, y debo decir que tampoco me llamaron mucho la atención. Ritmos más o menos contundentes y algo repetitivos, y una conjunción de voces femenina - masculina que tampoco transmitió gran cosa.

    Cuando desaparecen Madder Mortem del escenario, empieza a subir la expectación en la sala. Yo tras algún que otro fiasco en conciertos recientes, estaba francamente ilusionado con esta actuación, y desde luego puedo decir que no defraudó en absoluto, más bien todo lo contrario. Poco antes de las 22'30 empezaban a sonar los primeros acordes de The Leper Affinity y la gente empezaba a vibrar. Al principio el sonido fue algo confuso, distinguiéndose siempre bien las guitarras, pero sin oirse bien bajo y batería. Tras este primer trallazo, siguieron con la canción más antigua que tocaron. Advent, del Morningrise y en la que los problemas de sonido fueron desapareciendo hasta conseguir que todo sonara de manera bastante aceptable, y que se mantuvo durante el resto del concierto. El primer gran subidote del concierto llegó con Deliverance, en la que acortaron un poco la parte final, y posteriormente con The Drapery Falls, con la que la gente vibró de lo lindo.

    Con Creedence, una canción acústica, hicieron un pequeño descanso, dando paso a la segunda parte del concierto. Así, para meter otra vez al público en harina, Godhead´s Lament, el único tema que tocaron de Still Life. A estas alturas la gente estaba totalmente entregada, y sonó Bleak, uno de los temas preferidos por la audiencia. Para ir cerrando A Fair Judgement, que sonó grandiosa. Tras esto desaparecieron del escenario durante menos de 5 minutos, para salir a tocar el bis elegido, y que fue Demon of the Fall, una de las canciones más cañeras de Opeth.

    En total nueve canciones, pero que hicieron que el concierto se alargase hasta poco más de la hora y media. Personalmente creo que fue un concierto soberbio en el que todos los miembros del grupo estuvieron a un gran nivel técnico, igual que en el estudio. Tengo que decir que los cinco amigos que fuimos a verlo, salimos con una sonrisa de oreja a oreja que ya no desapareció en el resto de la noche...

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