Fecha: 30 de Noviembre de 2008
Lugar: Sala Heineken (Madrid)
Muy buenas a todos. Aquí os contamos la crónica del concierto de Opeth del 30 de Noviembre en la sala Heineken.
Decepcionante, es quizá la palabra que describe lo que fue el concierto de Opeth del día 30 de Noviembre en Madrid. El día prometía ser grande por varios motivos. El primero, que Opeth es una de nuestras bandas favoritas, y siempre hemos disfrutado en sus conciertos. Segundo, porque el paquete de bandas era de lo más interesante, sobre todo por la presencia de Cynic, una banda a la que le teníamos ganas. Tercero y último, porque al ser el concierto en Domingo, y previendo la fiesta que se avecinaba, decidimos los que pudimos cogernos vacaciones el día 1 de Diciembre e ir al concierto sin tener que cortarnos porque al día siguiente tocaba currar. Hasta aquí todo bien.
Llegamos a las inmediaciones de la sala Heineken, un poco antes de las 21h, y nos encontramos con cola para entrar, cosa un poco extraña, ya que la apertura de puertas estaba prevista para las 20h. Al entrar, primera decepción. La sala, estaba ya tan llena, que no se podía pasar a la zona del foso, y una enoooorme cola para poder dejar las chupas en el ropero. Viendo la gente que ya había dentro, y pensando en toda la que habíamos dejado en la cola.... pensamos. ¿Pero cuántas entradas se han vendido aquí?
Para los que no conozcáis la sala, voy a intentar explicaros cómo es para que podáis entender la frustación que es, pagar una entrada de 27 euros y no poder ver un concierto. La forma de la sala viene a ser rectangular. Delante del escenario hay una parte de la sala, que llega hasta la mitad, y que es la zona que se debería contabilizar como aforo para ver un concierto. A mitad de la sala hay una barra en el medio, con dos enormes columnas y dos escaleras a los lados, que suben hacia la parte de atrás. No es mucha altura más, pero la barra y las columnas, provoca que desde la mitad trasera de la sala, apenas se vea el escenario, nada más que desde las escaleras, o justo si estás en la barra de arriba. En resumen, que si no eres un tío alto, olvídate de ver nada más que cabezas y algún trocillo del escenario. Así que con mis 170 cm, di por descontado que no iba a ver una mierda del concierto.
La segunda en la frente, llegó cuando me acerqué a pedir unos minis a la barra. Viendo la cantidad de gente que había, mi intención era la de pedir cuatro minis del tirón, pero al cobrar al chaval que estaba delante me di cuenta del gran robo que estaba próximo a sufrir. El precio de un mini de cerveza, 12 euros. Ya estamos acostumbrados a que por sistema, se nos robe a mano armada en los conciertos, pero 12 euros por 3/4 de litro de cerveza, ya me parece un abuso intolerable. Desde aquí, y a modo de comparativa, FELICITAR con mayúsculas a Raúl, como organizador del Traumafest, en el que los minis de cerveza o calimocho, costaban 5'50 euros, y algo tan básico como un tubo de cerveza, tan sólo costaba 2 euros.
Como decía un amigo, el próximo día que vengamos, nos cobrarán 18 euros y tan contentos. Por suerte eso no nos va a pasar, porque no pienso volver a esa sala en la vida, al menos no a cualquier concierto que tenga un mínimo de previsiones de llenarse.
En fin, después de este alegato, vamos a la chicha del concierto. En primer lugar, tocaban The Ocean, banda alemana, a la que francamente no hicimos mucho caso. Su apuesta, bastante cañera, con ciertos toques de Death moderno y algo de Metalcore. Disfrutaron de un sonido aceptable, y a la gente parece que les gustaron.
A continuación, saltaron a escena, los estadounidenses Cynic, que tras 15 años en silencio, traían un nuevo trabajo bajo el brazo. La verdad es que tampoco os puedo decir mucho de la puesta en escena, ya que es un grupo para disfrutar viéndo en condiciones su apuesta de Death con gran fusión de jazz, así por la calidad de sus músicos. El concierto estuvo bien, aunque me parece que les faltaron decibelios.... :) Espero tener la oportunidad de volver a verles en mejores circunstancias.
Tras un buen parón, saltaron a escena Opeth. La expectación por nuestra parte era grande, ya que tres de los cinco componentes son relativamente nuevos, y en la gira del "Ghost Reveries", apenas pudimos verles, al llegar tarde a la sala, y empezar ellos con adelanto el concierto.... con lo que os podéis imaginar que nuestras ganas de disfrutar del concierto estaban más que claras. Fredrik Åkesson, a la segunda guitarra y tras su paso por Arch Enemy, se estrenaba en esta gira. Martin Axenrot, hacía su segunda gira a la batería, tras haber sido músico de sesión en la anterior ante la baja de Martín López. Y un Per Wilberg ya asentado en los teclados, formaban la parte más nueva de la banda.
El concierto arrancó con "Heir Apparent", segundo corte de su último trabajo. Un buen tema, que además me parece que está compuesto por Akesson, y que comenzó el concierto con fuerza. Tras él, primera charla de nuestro "amigo" Mikael Arkefeldt, alias "Eugenio", que se empeña en hacer gracias y chistes entre las canciones, cosa que a mí personalmente me cansa un poco. El segundo tema, y único paso por su disco anterior, fue el que para mi gusto la pero del disco y una de las más flojas de Opeth. "The Grand Conjuration". Mira tú que este disco tiene buenos temas, y van a seleccionar el que fue single del disco, y cuyo facilón riff principal se repite como el gazpacho durante el tema.
El concierto cambia de rumbo, con el que fue el mejor momento, al recuperar para el repertorio "Godhead's Lament", del disco "Still Life". Un temazo en toda regla, que habían dejado de lado tras la gira del "Deliverance", aunque me pareció que el recibimiento por parte del público fue algo más frío de lo esperado. "Lotus Eater", el mejor tema del "Watershed", fue el siguiente en sonar. Creo que la selección de las dos canciones del último disco, fue acertada, aunque por otra parte, el disco flojea un poco en comparación con los anteriores, y estos temas son los que mantienen alto el pabellón.
A partir de aquí, nos llegó el bajón. Siguiente canción en sonar, una del disco acústico "Damnation", me parece que el "Hope Leaves". No es que tenga nada en contra de dicho disco, pero me parece que en un directo, y con las partes acústicas que se por sí tienen sus canciones, meter un tema de este disco, sobra totalmente.
Tras este pequeño descanso, encaran la parte final del concierto. Como ya parece inevitable en los conciertos de Opeth, cayó la impresionante "Deliverance". Esto empieza a dejar de ser buena noticia, y explico el porqué. En primer lugar, Opeth es un grupo que por lo extenso de su repertorio, siempre se dejará auténticos temazos sin tocar, con lo que de vez en cuando, dejar "descansar" algunos temas, no viene nada mal. Y segundo, porque ya que se ponen a tocarla, lo que se espera es que la toquen perfecta. Este comentario está totalmente dedicado al batería Martin Axenrot. Y es que, al igual que en la gira anterior, el tramo final de la canción, cuando meten ese ritmo hipnótico y a la vez apoteósico, el trabajo de Martin deja mucho que desear, y nos hace echar de menos al gran Martín López. En cada vuelta del riff, el ritmo del doble bombo lo hacía mal!! En la gira anterior tenía su disculpa, pero ahora, como batería fijo de la banda y tres años después..... si no tiene la técnica para hacer la canción como se debe, pues fráncamente, podían ahorrársela y tocar otro tema. Aprovecho este momento para decir que la interpretación de Axenrot, no me pareció estar a la altura del resto del grupo, y cuando el tío se "flipaba" en algunos momentos, la batería siempre sonaba muy embarullada.
La sempiterna, "Demon of the Fall" cerraba esta fase del concierto. Otro tema al que le podían dar un descanso. Además, Per Wilberg introdujo unos teclados muy "happies" que no pegaban nada con el tema. Tras una hora y cuarto aproximadamente, se tomaban el descanso pertinente. Al saltar a tocar el bis, y después de la bromita de turno por parte de Michael Arkefeldt, tocaron el último tema de la noche y única incursión en su gran "Black Water Park". El tema seleccionado fue "The Drappery Falls". Un buen final de concierto.
El resumen de esta larga crónica es el siguiente:
1. Lo de la sala Heineken es vergonzoso. Tanto el número de entradas vendidas como el precio de las consumiciones.
2. El repertorio seleccionado por Opeth, bajo mi punto de vista, fue bastante malo.
3. Por favor, que cambien de batería cuanto antes!!!
Un saludo a todos, y disculpad si he sido demasiado crítico con el concierto, pero es lo que tengo en el interior.... ;)
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